LA SITUACIÓN

Veo bastante teatro, y, en general, es una experiencia frustrante. Los espectáculos son aburridos, el texto está en descrédito, eso es algo del pasado, predomina la autoficción (lo que los hace aún más aburridos), ahora lo importante son las proyecciones, dirigirse al espectador pidiendo que opine, incluir música atronadora y los actores…bueno basta con que estén más o menos.

LO NUEVO

 

Sin embargo, he estado unos días en Berlín, y he podido ver tres espectáculos de teatro y una ópera. De los cuatro eventos tres son perfectamente olvidables pero uno resultó extraordinario. Como para volver a creer en el teatro.

Tenía un título poco atractivo: “Tiza o realidad”, y estaba montado por un  director suizo: Cristoph Marthaler.

Al principio aparecían en el escenario alrededor de 20 personajes en diferentes actitudes, pero poco a poco, entre todos ellos algunos comenzaban a moverse y a decir cosas, los demás estaban fijos, y al poco tiempo descubríamos que eran maniquíes, pero tan bien realizados que en cualquier momento parecía que comenzarían a tener vida.

LA FIESTA

 

Entre los actores había dos pianistas y todo el evento era un festival de humor, ocurrencias, canciones espléndidas, grandes actuaciones…en fin algo que parecía que teníamos olvidados, ya no nos acordábamos que se podía hacer teatro así. Que podría suceder algo en un escenario que te deslumbre, te haga olvidar dónde estás, aparezca la magia y te llene el espíritu de fiesta.

Un espectáculo como éste te reconcilia y piensas que todavía es posible. No todo está perdido.