Mayo de 1957, Ingmar Bergman tiene 39 años. Está escribiendo el guión de “Fresas salvajes” una película de su primera etapa. Ha sido estrenada también con el título de “Cuando huye el día”. Este es un monólogo del profesor Isak Borg, el médico de 78 años que viaja a Upsala donde le otorgarán el título de Doctor Jubilaris.
Isak: “Yo creo que soy demasiado viejo para abrigar una necesidad consciente de mentirme a mí o a mis semejantes. Más bien me he apartado del mundo y de las personas y sólo pido que me dejen en paz y que pueda dedicarme a las pocas aficiones que aún me proporcionan un estímulo al menos superficial. Si alguien me pide que dé mi opinión sobre mí mismo lo hago sin avergonzarme y sin tener en cuenta mi prestigio personal que a estas alturas debería estar ya liquidado. Si alguien me pide que me pronuncie sobre otros me muestro bastante más cauto. Nada es tan arriesgado como una frase sobre un semejante. Lo más probable es que incurramos en mentiras asombrosas, sobreestimaciones o subestimaciones, errores o ruindades. Antes que cometer esas necedades prefiero guardar silencio y apartarme de cualquier tipo de relaciones. Así es como me he quedado un tanto sólo en la vejez. Y esto no lo digo como una queja sino como una constatación. Desde luego yo he dejado de esperar ningún regalo de la vida. A estas alturas casi estamos en paz.
Sé que mis semejantes consideran que soy un señor viejo egoísta y solitario que no se prodiga de buen grado. Tal opinión está comúnmente aceptada y no me importa. He vivido toda la vida al servicio del conocimiento y durante los años que trabajé como médico traté de ayudar a la gente lo mejor que pude. Cuando un elefante viejo intuye que tiene el tiempo y los días contados se retira a una gruta situada en un lugar apartado, donde pueda estar tranquilo consigo mismo”.
Durante su viaje tendrá varios sueños, agobiantes y cargados de culpa (y también extraordinarios cinematográficamente). Lo único que lo alivia al final es recordar los tiempos de su infancia.