EL MÈTODO
A veces los alumnos me preguntan qué método sigo, si Stanislavsky, si Strasberg. Otros mencionan a Michel Chejov, la técnica Meisner, Peter Brook, etc.
¿Eso es tan importante?
Francamente creo que no. Un buen maestro debe transmitir otras cosas: el amor al teatro, la importancia del estudio, el compromiso con la tarea, la formación permanente y dejar de pensar obsesivamente en el éxito.
Ya sé que todas estas cosas están desvalorizadas hoy en día. Sobre todo la formación permanente. Suena raro: “Formación permanente? ¿Quién hace eso?”
EL APRENDIZAJE
Sabemos que el progreso de cualquier artista no reconoce un límite y que, felizmente, podemos aprender algo nuevo todos los días. Muchas veces hemos comprobado que cuando volvemos a encarar un personaje cinco o seis años después de haberlo actuado en un escenario, o cuando volvemos a dirigir la misma obra algunos años después vemos todo muy distinto y descubrimos cosas que antes ni habíamos sospechado.
¿Por qué? Porque el tiempo, las experiencias que vivimos, nos modifican lenta e implacablemente y ya no somos la misma persona que hace cinco o seis años.
AL PACINO
En este tema de la formación permanente un modelo es Al Pacino, quien al margen de ser uno de los actores más famosos del mundo sigue reuniéndose cada tanto con un grupo de actores y colegas en Nueva York y entrenan. Hacen ejercicios, pasan escenas, se observan y critican unos a otros. Fruto de esta experiencia ha sido “En busca de Ricardo III”, el documental que dirigió en 1996.
Desde 1994 Al Pacino preside el “Actor’s Studio” junto a Ellen Burstyn y Harvey Keitel. Una institución que rechazó su ingreso como actor cuando era muy joven.
Sí, se puede. Hay gente que lo hace, a los 80.